Hace tres meses cuando supe de esta prueba, decidí apuntarme. Me gusta
correr y me gusta la bici de montaña, aunque en esta última especialidad no había
realizado ninguna prueba. No sabía ni lo que era la transición. Así que con un
poco de respeto voy a enfrentarme a la prueba.
Para ello, como siempre, hace falta madrugar mucho. En esta ocasión suena
el despertador a las 5 de la mañana. Desayuno, hora y media de coche y llego a
Atzaneta, salida y meta de la prueba.
Recojo los dorsales y hago que me expliquen dos veces donde he de poner
cada dorsal ya que nos dan 5 (para la bolsa de la transición, para el casco,
para la tija, para el manillar y para el cuerpo).
En la salida, estoy en primera línea porque entré el primero y me fueron
empujando para delante.
Esto hace que salga de los primeros pero rápidamente me
pasa todo el pelotón. Yo intento imprimir un ritmo fuerte pero no consigo
mantener la cadencia de los que me adelantan. Desisto ya que son 1000 m de
desnivel positivo y, creo, nunca los he hecho a tanta velocidad.
Desde las primeras rampas el cambio trasero no va bien y empieza a darme
problemas. También noto como si la bici fuera frenada. Tengo una sensación rara
que achaco a la inexperiencia de ser primerizo en este tipo de competición.
Con más trabajo del que pensaba llego a la transición y, sin prisas pero
sin pausas me cambio de ropaje: pantalón para correr y zapatillas de trail y
salgo muy bien sin notar nada la transición. Creo que he llegado a la
transición sobre el 75.
Nada más empezar la senda coincido con Jordi, corredor y vecino del pueblo
de al lado del mío y hacemos la primera bajada y subida juntos hasta que le
digo que se vaya debido a que noto molestias en los isquiotibiales de la pierna
derecha y ralentizo la marcha. Voy con las molestias dos km pero se me pasa y
empiezo a adelantar personal y a disfrutar como un loco por la maravillosa ruta
que Juanan y compañía nos han preparado. Una gozada de recorrido, magnificado
por un cielo encapotado y, a veces, regado de fina niebla que da al paisaje un
matiz surrealista.
Llego a por la bici y voy en el puesto 60. Creo que habré adelantado a unos
15 corredores y las sensaciones son magníficas. Tengo tantas ganas de salir que
casi subo a la bici en la zona de transición. Suerte que los jueces me dicen
que no puedo hasta que salga de la zona.
Hago una pequeña subidita y empieza una larga bajada que empiezo a hacer a
tumba abierta y disfrutando como un enano de los derrapajes en las curvas. Voy lleno
de adrenalina pero de pronto noto un ruido raro, miro al cambiador trasero y
veo que se me ha roto. Maldigo mi perra suerte. La semana pasada hice una ruta
con trialeras cañeras para ver como respondía y no noté nada. El sábado por la
mañana le pegué un repaso a la bici y, tampoco, observé nada raro. Y aquí estoy
a falta de 14 km con una mala leche y sin saber que hacer. Pero no puede ser
que abandone en esta primera prueba de duatlón de montaña a la que me he
apuntado.
Dicho y hecho: llego a meta aunque sea empujando la bici. De todas formas
muchos de los km son de bajada. Subo a la bici y cuando puedo me dejo caer y
cojo velocidad. Intento, en las curvas, hacer unas buenas entradas para
derrapar y no perder velocidad ya que no tengo opción de dar pedales. Tanto intento
arañar que en una de las curvas, a pesar de estar señalada, casi me voy contra
las alpacas de paja. Madre mía, esto sí que es aventura.
Cuando hay llano o falso llano de bajada hago el patinete y si se pone un
poco cuesta arriba intento correr con la bici al lado. Que imagen más penosa. Me
pasan los ciclistas y todos se preocupan por si voy bien. Yo les contesto que
yo estoy a tope pero la bici me ha abandonado.
Llego al asfalto y los voluntarios me dicen que pedalee que ya tengo la
meta a la vista pero es que no puedo y sólo consigo coger una escasa velocidad.
Miro hacia atrás y, por lo menos, hasta meta no me va a adelantar nadie más,
aunque en la última curva tengo a hacer el patinete para llegar con algo de
dignidad a la línea de llegada.
La entrada a meta no es como esperaba ni mucho menos pero he conseguido
acabarla.
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Sin cambio y sin cadena |
En fin, para ser la primera vez, ha sido toda una experiencia y, a pesar de
todo, muy grata y para volver a repetir.
Un 10 para la organización y los voluntarios y para el paisaje y las
maravillosas sendas de la carrera a pie.
las fotos son cortesía de Manuel Antonio Godoy Gómez