martes, 22 de octubre de 2013

Trail del Rincón de Ademuz. 100 km. 3700 D+

Nuevo y último ultra para acabar el año y, además, de la mejor manera posible: subiendo al podio en primera posición de mi categoría y el 25 de la general. Me ha salido una carrera fenomenal, aunque fui de más a menos, previsible que es uno.
Conocía el recorrido ya que el año pasado hice la de 170 km y los 100 últimos coinciden en las dos carreras. No se si es por el sufrimiento del año pasado pero el caso es que los 100 km de este,  se me han hecho muy llevaderos y los he disfrutado a tope.
Llegamos a Castielfabit el viernes por la tarde, dejamos el material en el albergue de Centenares y vamos a cenar, los seis que compartimos habitación en el albergue,  a una casa rural del pueblo “La casa del Médico” donde nos tratan de forma exquisita.
La salida es el sábado, a las seis de la mañana desde Ademuz. Nos han llevado en autobús desde Castielfabit a la salida ya que la meta es en Castielfabit.
Con Ramón y Alfredo antes de la salida.
Dan la salida y nos adentramos por las desiertas y empinadas calles de Ademuz para llegar al rio Bohilgues (os dejo un enlace con fotos del blog de “Anda con Tiocanya”) una preciosidad de ribera que no podemos apreciar por ser de noche pero que recuerdo perfectamente del año anterior.
Por esta magnífica ribera llegamos a Vallanca y como los vecinos, aún no se han levantado, decidimos seguir corriendo para llegar al siguiente pueblo, que es donde está el primer avituallamiento (km 16). Es posible que en este momento fuera entre los 10 primeros de la carrera y, además, me encontraba fenomenal: sabía que iba muy, demasiado fuerte pero no podía retener el impulso de correr a tope.
Entramos en la sierra del Santerón para coronar el pico Talayón (1601 m.) y punto más alto de la carrera. 
Amanece subiendo al Talayón.
Bueno no lo coronamos porque en el vértice parece que hay una microreserva de flora o fauna y no nos dejan pasar por allí. Tampoco importa, subida de 100 m. que no hacemos.
La bajada del Talayón la hago como me gusta: rápida y ligera llegando al segundo avituallamiento, donde ya ocupo la posición 14 y yo sin casi enterarme que me han adelantado 4 ó 5 corredores desde el anterior avituallamiento. Recapitulo y veo que si. Entre los que me adelantan está Jorge, corredor de Ontinyent y con el que compartí habitación en el albergue la noche anterior. Va muy bien y, aunque hablamos un rato, rápidamente me deja y no volveré a verlo hasta el km 89.
Tras la bajada del Talayón viene una subida en la que el año pasado sufrí lo indecible pero, oh sorpresa, este la hago con sufrimiento pero con entereza y recapacito sobre la relatividad de todos los juicios: el año pasado cuando empecé a subirla llevaba 100 km ya y un pajarón endemoniado y, este sólo 30 km. La cosa cambia mucho.
Pasamos por la base del cabezo y nos encaminamos a Arroyo Cerezo, tercer avituallamiento. Creo que conservo la posición 14 de la general y estoy en plenas facultades físicas. 
Subiendo a los Tres Reinos.
Subo a la Cruz de los Tres reinos (1557 m.) y vuelvo a Arroyo Cerezo, cuarto avituallamiento. He dado una vuelta de unos 13 km bordeando unos cortados impresionantes con numerosas balmas (cuevas) y vallecitos llenos de colores otoñales.
 La salida del pueblo me encamina al barranco de Arroyo Cerezo, con unas estructuras impresionantes. Lo recordaba del año pasado y no me ha defraudado. 
Además tuve la ocasión, fugaz, de divisar un corzo cuando me disponía a hacer el descenso a la ribera del barranco.
El trayecto hasta Centenares es un rompepiernas y ya comienza a pasarme factura el esfuerzo. Quiero correr y no puedo ante el mínimo desnivel positivo. Creo que va a comenzar la etapa de arrastrarse para poder acabar. Maldita mi suerte.
En Centenares (km 67) hay un buen avituallamiento y esta la bolsa con la ropa para poder cambiarme. Únicamente cambio las zapatillas y me doy un poco de vaselina en las partes más conflictivas e, inmediatamente, reemprendo la marcha. He sido rápido pero creo que me han pasado algunos corredores más. Que le voy a hacer.
De Centenares a Tormón es el trayecto que más me ha costado, especialmente la subida siguiente al barranco del Val Seco. Es una subida (200 m de desnivel +) con bastante pendiente y un sufrido firme totalmente inestable que acaba con mi paciencia. Ya el año pasado tuve que hacer varios descansos para poder coronar esta subida. Ahora lo hago con más facilidad pero peor de lo que pensaba. Repongo fuerzas y líquidos en el avituallamiento de Morrones (un avituallamiento sin voluntarios pero muy bien surtido de líquidos). El año pasado no lo vi debido a la pájara que acarreaba conmigo y gracias que iba acompañado de Javi (el de cárnicas Serrano) y su compañero en este tramo tan duro. Siguen unos cuantos km de ascensión muy suave por el camino del Resinoso. Yo no puedo correr y me pasan varios corredores con un alegre trotar que es la envidia de mis ojos. Así y todo, en la bajada a Tormón consigo dar caza a uno de los que me adelantan pero, sólo para que me supere en la siguiente subida después de Tormón.
Tormón.
Penúltimo avituallamiento (km 85), paro lo indispensable y me introduzco en otro oasis de verdor gracias al Rio Ebrón que nos va a agasajar con unas vistas maravillosas a lo largo de su recorrido. 
Son los últimos 10 km pero se llevan bien porque hay mucho que ver. 
Es todo un gustazo correr o trotar o caminar por estas sendas. Voy a adelantar a Jorge que había hecho un carrerón poniéndose en 8º lugar pero tuvo diversos problemas musculares y casi no podía caminar. Me ofrezco a acompañarlo pero rechaza la solicitud y sigo mi renqueante marcha, que no es mucho más rápida que la suya.
Última foto antes de hacerse de noche.
Y poco a poco llego al último avituallamiento (km 95,5). Poco antes me ha pasado otro corredor, intento seguirlo pero, el condenado, corre como si le fuera en ello la vida y a mi sí que me irá si intento seguir ese ritmo así que lo dejo que se vaya, bendito de Dios. Pero por detrás veo otro frontal iluminando la senda porque ya se ha hecho de noche y me digo que ese corredor no tiene que adelantarme, que sólo quedan 4 km y que ya está bien. Empiezo a trotar con poco convencimiento pero me voy enganchando y consigo correr bastante distancia sin pararme. Miro hacia atrás y no veo la luz del  frontal del corredor pero sigo corriendo y, de pronto, veo otras luces de frontal pero ahora por delante y me envalentono y pienso que a falta de 2 km aún voy a adelantar a algún corredor después de estar casi 40 km sólo siendo superado por otros. Me crezco y el ritmo de carrera aumenta y doy caza a los que tengo delante que son dos granadinos con los que compartí la última dura subida antes de Tormón, uno de ellos lleva muy cargados los cuádriceps y su marcha ya no puede ser más rápida. Los adelanto y paso a otro corredor y llego a la base del rio, inicio de la subida a Castielfabit. La primera parte la hago caminando y trepando porque la sendita se las trae pero así que pongo pies en el camino asfaltado me engancho a correr y no paro hasta cruzar la meta, 
donde soy recibido con una fuerte salva de aplausos debido a que es una buena hora para llegar: un poco antes de las nueve de la noche y la plaza está abarrotada. Recuerdo la entrada del año anterior, a las 8 de la mañana del domingo, que casi tuve que despertar a la chica de la organización para que tomara nota de la llegada. Ahora Kike Moret, gran speaker, hace que me sienta importante con la entrada que me procura.
Con Kike moret.
Unas palabras de agradecimiento y vuelta a caminar para llegar a Centenares , ducharme, cenar un bocadillo y beber dos cervezas e irme a la cama.
La mañana del domingo subimos a la plaza de Castielfabit a recibir el trofeo ya que he quedado el primero de mi categoría con un tiempo de 14 h. 40’ 24’’ y 25 de la general. También, viendo las clasificaciones observo que si no hubiera corrido los últimos 4 km no habría quedado el primero ya que el 2º máster entró tan sólo a 2’ 30’’ escasos detrás de mí. Decisión acertada la que tomé cuando vi brillar su frontal en el km 95.
Como siempre que acabo una crónica quiero dejar constancia del ingente trabajo de los organizadores y del trato fenomenal que nos han dispensado en todos los avituallamientos. Carrera recomendable en cualquiera de sus versiones. Mi más rendido agradecimiento a todas las personas que han hecho posible que haya disfrutado tanto durante este fin de semana en el Rincón de Ademuz.



6 comentarios:

  1. Enhorabuena, Antonio!
    Disfruta de estos momentos!
    Un fuerte abrazo y a por más podiums!

    ResponderEliminar
  2. Gracias Vicente. El otro dia leí tu crónica de la ruta de la Bojera y, precísamente, este viernes voy a hacerla con mis alumnos.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Que grande eres Antonio¡¡¡¡ y esa pose mientras te están entrevistando jajjaja,, en Enero igual voy a correr la gr10 xtrem, vas a hacerla?
    un saludo

    ResponderEliminar
  4. Pues si un sábado por la noche me tomo dos cervezas no es para irme a dormir ...Aunque igual, con lo de los 100 kilómetros previos pueda llegar a comprenderlo :)

    Enhorabuena por la copichuela y, como no, por el carrerón :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mucho gusto de tenerte por el blog y muchas grácias por el comentario.

      Eliminar